Conocer a Dios como Padre: El corazón del Padre Nuestro.

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Efesios 4:6: Un solo Dios y Padre de todos.

Vamos a abrir la biblia en el libro de Efesios 4:6. Dice así: Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

El contexto de este pasaje inicia en el primer versículo, donde Pablo exhorta a los creyentes a vivir de una manera digna del llamado que han recibido. Luego, en el versículo 3, habla de la unidad del cuerpo de Cristo, recordándonos que tenemos un Señor, una fe y un bautismo. Así llegamos al versículo 6, que dice que tenemos un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

Estos versículos normalmente lo utilizan las personas para afirmar que todos creemos en un mismo Dios. Sin embargo, no es cierto que todas las personas creemos y adoramos al mismo Dios, ya que, de ser así, el mundo no se comportaría como lo hace actualmente.

Según la Biblia, el Padre debe ser adorado en espíritu y en verdad. Esto no implica que todas las personas deben comportarse de la misma forma, pero si adoraran al mismo Dios, todos caminaríamos con el Espíritu, no caminaríamos en la carne, reflejaríamos el carácter de Cristo no solo con palabras, sino que también con sus acciones. Pero el mundo dice que Dios es su Padre, de la boca para afuera, pero sus acciones dicen algo muy diferente.

Por eso, este versículo es fácilmente manipulado y casi todos dicen que tenemos un mismo Padre Celestial. Pero si usted lo reflexiona detenidamente, ¿No cree que, si Dios realmente fuera el Padre de todos, inevitablemente seríamos todos hermanos? Y si fuéramos hermanos, ¿Acaso no deberíamos de tener todas las cosas en común? O al menos no matarnos los unos a los otros, no golpearnos, no traicionarnos, no mentirnos.

Es cierto que muchas veces los hermanos de sangre podemos tener diferencias, pero no es normal que nos odiemos entre hermanos. Por eso es que estos pasajes no se pueden sacar de contexto. Además, estos pasajes de Efesios no solo mencionan que tenemos un mismo Padre, sino que también indican que todos los creyentes debemos estar unidos en un solo cuerpo, un solo Espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo y, finalmente, un único Dios y Padre.

Es fácil decir que todos tenemos un mismo Padre y el mismo Dios, solo que cada quien lo percibe de manera distinta. Sin embargo, esa idea no es bíblica. Esto no quiere decir que los creyentes seamos como robots, obligados a repetir las mismas palabras o  vestirnos de forma idéntica, ni que no existan algunas diferencias entre nosotros. Por supuesto que no.

A lo que me refiero es que, si reconocemos a un Dios como Padre, debemos de vivir en amor como hermanos, evitando conflictos, odios, asesinatos, rencores y mentiras entre nosotros. No deberíamos imitar al mundo hipócrita, que proclama de labios que Dios es su Padre, pero actúa de manera completamente diferente.

Hemos llegado a un punto en el que ya parece innecesario preguntar si las personas creen en Dios, pues prácticamente todo el mundo afirma creer en Dios. Sin embargo, cuando les preguntamos ¿Cómo describen a ese Dios al que dicen adorar? Es ahí donde se nota la diferencia entre el Dios de los verdaderos creyentes y el dios del mundo y de todas las religiones.

He conocido a muchas personas que me dicen que adoramos al mismo Dios. pero sé que eso no es cierto. No pretendo insinuar que yo sea la única persona con la visión correcta de Dios, ni mucho menos afirmar que si no comparten mi perspectiva, es que no son creyentes. Lo que quiero señalar es que en estos tiempos el ecumenismo, ha reducido el evangelio a simplemente decir que “Creen que hay un Dios” de hecho la Biblia dice que los demonios también creen que hay un Dios. Creer en la Biblia no es un verbo inútil o teórico o estático, ¡Claro que no! El creer es acción, el creer nos cambia la vida totalmente.

En una ocasión, le pregunté a una persona, si podía describirme cómo era el Dios que adoraba. Esa persona comenzó hablándome de aspectos generales: que Dios es amor, que nos perdona, que Dios nos ayuda. Hasta ese punto todo parecía correcto, pero decidí profundizar más y le pregunté ¿Cómo le habla Dios a las personas? Fue en ese momento que me dijo que su Dios había dejado un representante en la tierra, quién tenía una conexión directa con Dios, y que también existían otras personas a quienes Dios les revelaba su voluntad, transmitiendo profecías o mensajes divinos. Fue ahí cuando confirmé lo que ya me imaginaba;

No estábamos hablando del mismo Dios, ya que, Dios no ha dejado ningún representante con nombre y apellido. El representante de Dios en la tierra es el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo se manifiesta por la única representación absoluta; La Iglesia y la Iglesia es un cuerpo viviente de todos los creyentes que tienen el Espíritu Santo y ningún creyente en particular es la cabeza de la Iglesia, ya que la cabeza es Cristo.

Aunque existen personas que tienen el don de dirigir, eso no los hace superior a ningún hermano. La cabeza siempre será Cristo. Porque por medio de Cristo es la única manera que usted y yo podemos llegar al Padre. Cristo es el único intermediario, es el único nombre dado a los hombres para poder llegar al Padre. 

Seguramente alguna vez usted haya recibido la visita de personas que tocan la puerta de su casa para hablarle de Dios. Al principio, parece que esas personas están hablando del mismo Dios, y es lógico, ya que de entrada nadie le va a revelar sus verdaderas intenciones. La Biblia dice que los que traen un falso evangelio son ministros de satanás, y lógicamente si son ministros de satanás, no van a decirle: “Yo vengo de parte de satanás” claro que no, primero le van a hablar en un lenguaje general, para que parezca que estamos hablando del mismo Dios.

Nadie va a llegar a su casa y decirle: “Deme el diezmo”, “Ríndame veneración” o “Leamos este otro libro, aparte de la Biblia”. o “Sigamos las instrucciones de este líder que murió en el pasado pero que ha dejado un impacto profundo en nuestra religión”. No nadie va a llegar con esas palabras. Al inicio le van a hablar con un lenguaje general y es lógico porque satanás siempre se ha disfrazado como ángel de luz.

Si un lobo llega a un lugar lleno de ovejas y se presenta sin disfraz, desde que lo miren de lejos, las ovejas van a salir corriendo. Pero cuando el lobo se disfraza como que fuera una oveja, va a pasar desapercibido, por lo menos durante un tiempo y solo los verdaderos creyentes que estén espiritualmente preparados, van a poder discernir entre las ovejas genuinas y aquellos que son lobos disfrazados.

Así que no todas las personas adoramos al mismo Dios, y para profundizar en esta idea, vamos a ver lo que nos enseña la Biblia en 1 Corintios, capítulo 8, de los versículos 4 al 6, que mencionan lo siguiente: Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues, aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.

Descubriendo nuestra identidad como hijos de Dios.

La biblia es clara. Para nosotros los creyentes solo hay un Dios; Nuestro Padre Celestial. En contraste, el mundo está repleto de múltiples dioses; de hecho, las estadísticas nos dicen que hay más de 4,000 religiones y cada una tiene su propio dios. Esto significa que hay, como mínimo, 4,000 dioses en el mundo.

Por esta razón, los que hemos nacido de nuevo mediante Cristo debemos tener el discernimiento para comprender que no toda persona que menciona a Dios está hablando del mismo Dios. No debemos asumir que todo aquel que nos llama “hermano” es alguien que comparte nuestra misma fe, ya que hay quienes rinden culto y adoran a dioses falsos. De hecho este punto queda más claro cuando usted lee 1 Juan 4:1. Que dice: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

Yo sé que las personas suelen sentirse ofendidas cuando se pone en duda su “cristianismo”. Sin embargo, fue Dios mismo quien, a través del Espíritu Santo, inspiró a Juan para advertirnos que no debemos creer en todo espíritu, sino que, debemos de ponerlos a prueba.

Tal vez usted se pregunte: ¿Cómo podemos probar a los espíritus? Existen varias formas de hacerlo. Una de ellas es por medio del Espíritu Santo y otra a través de las Escrituras, ya que la Biblia nos enseña que, aunque hay diversidad de dones, todos los creyentes tenemos un mismo Espíritu. Por lo tanto, si alguien vive y se deleita continuamente en los placeres del mundo, le aseguro que ese espíritu no proviene de Dios. Si alguien viene y le dice que es “cristiano” pero usted mira que su comportamiento es como cualquier persona del mundo que no cree en Cristo, déjeme decirle que ese es un falso creyente.

La Biblia, es nuestra guía y es nuestro termómetro perfecto para probarnos, tanto a nosotros mismos como a los demás. No solo es que voy a probar a los demás, también yo debo ser una carta abierta para los demás miembros de la congregación, para los demás vecinos, para los demás miembros de mi familia.  Imagine que alguien asegura estar en perfecto estado de salud, pero cuando usted le coloca un termómetro, este le marca que tiene una temperatura de 41 grados. Aunque aquella persona diga con sus labios que está bien de salud. El termómetro le dice algo diferente.

Lo mismo sucede en el ámbito espiritual: alguien puede llamarse cristiano o incluso afirmar que Dios es su Padre, pero la Biblia declara que nadie puede amar a Dios si no ama a su hermano. Así que, si usted no ama a los hermanos, el amor de Dios no está en usted. Por eso es que la Biblia es nuestro termómetro.

Y cuando me refiero a termómetro no quiere decir que usted y yo vamos a usar la Biblia como un simple almanaque o como un libro de reglas terrenales. Digo esto porque sé que hay muchas personas que tienen mucho conocimiento teórico de la biblia, pero ese conocimiento si el Espíritu Santo. Es como un cuerpo sin alma. No trae ningún provecho a la congregación.

Es el Espíritu Santo quien nos ayuda a discernir los espíritus, aunque hay situaciones que no requieren discernimiento espiritual, sino simplemente sentido común. Por ejemplo, si alguien afirma haber tenido un sueño en el que Dios le reveló que toda la iglesia debe regalarle una casa y un auto un boleto de avión para irse de vacaciones, el sentido común debería decirle a los miembros de la congregación que ese es un falso predicador.

Sin embargo, para para las cosas que van más allá del sentido común, entonces el Espíritu Santo nos ayuda a discernir y la palabra escrita es decir la Biblia que Dios nos ha dejado es nuestro termómetro, es nuestra guía para que ya no caminemos a ciegas por este mundo.

De esclavos a hijos: El cambio de posición legal y espiritual.

Es la Biblia la que nos enseña que el árbol se conoce por sus frutos. Esto significa que, si una persona actúa de manera incorrecta, poco importa lo que proclame con su boca, ya que son sus acciones que hablarán por sí solas. Un claro ejemplo de esto es cuando Dios le ordenó a Saúl destruir por completo a Amalec. Sin embargo, Saúl desobedeció y cuando el profeta Samuel fue a confrontarlo, Saúl insistió en que había cumplido la orden de Dios.

Pero mientras él hablaba, se escuchaban al fondo los balidos de ovejas y los mugidos de vacas que él había perdonado. (Es decir que los animales los estaban delatando) aunque Saúl con sus labios decía que había cumplido. Saul creía en su mente que estaba sirviendo a Dios, pero al ser descubierto, se enojó comenzó a llenarse de enojo contra Samuel, contra Dios, contra David, contra su hijo, contra su hija, en fin se enojo contra todo el mundo, antes de reconocer su pecado. 

Pero esto no crea que solo ha Saúl o a un extraño le puede pasar. En el tiempo que estaba ejemplo eran los  Jesús en la tierra confrontó a unos judíos y eso lo podemos leer en el evangelio de Juan 8:38-47 que dice: Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham.

Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.

¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.

Aunque muchas personas afirmen que Dios es su padre, la Biblia enseña que los verdaderos hijos de Dios escuchan la palabra de Dios. Sin embargo, este “escuchan” no se limita a oír la Biblia o un sermón. Los cristianos debemos ser hacedores de la palabra y no solamente oidores. Jesús no se anduvo con rodeos.

De forma directa les dijo a los religiosos que estaban presentes: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo.” Esto lo expresó a pesar de que ellos les dijeron que eran hijos de Abraham y de Dios, pero Jesús los confrontó diciéndoles que, si realmente fueran hijos de Abraham, las obras de Abraham harían. De la misma forma si usted es “un hijo de Dios” pues la obra de un hijo de Dios debe hacer.

Además de eso Jesús les dijo: vosotros sois de vuestro padre el diablo, porque los deseos de vuestro padre queréis hacer. Y esto es un ejemplo claro de que la palabra “padre” en este contexto no sólo significa un título o se habla de alguien que ha engendrado un hijo si no que va más allá, es como alguien que gobierna o dirige el comportamiento de otras personas.

Satanás también es considerado un padre, y eso lo dijo Cristo y de hecho, es el padre de la mayoría de personas. Y no solo de las personas que niegan a Cristo, sino también de aquellos religiosos que siempre se justifican a sí mismos, antes de reconocer su pecado. Por eso Cristo les decía: “Los deseos de vuestro padre queréis hacer”. Es decir, los deseos de la carne. Sin embargo, esto no quiere decir que los creyentes dejamos de tener deseos; es imposible no tenerlos. Lo importante es luchar en el espíritu para enfrentarlos.

Debemos de resistirnos para no caer en la tentación, por eso es que oramos al Señor, por eso es que clamamos al Señor, para no caer en los deleites que nos presenta a diario satanás. Debemos de someternos a Dios como hijo. Este es el único camino para ganar esta guerra espiritual. Cuando nos sometemos a Dios como hijos, es cuando realmente creemos en Él. Usted no puede decir que cree en Él si no anda en las cosas que Él enseña.

satanás aprovechándose que es el padre de la mentira,  ha destruido los sueños de las personas y ha engañado al mundo entero con la ilusión de que existe una vida perfecta. Ha sembrado mentiras en la humanidad, haciéndonos creer que sus comportamientos codiciosos, avaros o hipócritas son agradables a Dios.

Incluso él les ha llevado a imaginar que esa vida perfecta es posible en esta tierra, que las riquezas y tesoros terrenales son una “bendición de Dios”. Que pueden obtener todo lo que su alma desea en este mundo. Les ha hecho pensar que las demás personas deberían rendirse ante ellos, (Todo el mundo quiere ser un líder en la actualidad, casi nadie quiere ser un servidor) porque les han enseñado (Sacando la Biblia de contexto) que son “cabeza y no cola”, o que existe una pareja perfecta que cumplirá todos sus deseos.

Pero cuando usted mira la realidad se da cuenta que es  diferente, ya que satanás les ha hecho creer  que la vida siempre debería marchar sin dificultades. Por eso, cuando las personas enfrentan enfermedades, pérdidas o situaciones adversas, las perciben como tragedias que han arruinado la “vida perfecta” cuando un matrimonio se separa, cuando muere un ser querido, cuando alguien no logra una meta que se ha trazado, piensan que su vida no tiene propósito y eso sucede porque han creído.

Fue él quien metio en su cabeza que esa “vida perfecta era posible” satanás nunca les dirá la verdad de este mundo caído y mucho menos les dirá la verdad sobre la muerte eterna, ya que el solo vende humo temporal y pasajero.

No sé si alguna vez los han estafado, pero a mí sí. Los estafadores al principio lo pintan todo de maravilla, hacen que creamos que es una gran oportunidad la que nos están ofreciendo, que todo va a salir bien. Se ganan nuestra confianza y, cuando menos lo esperamos, caemos en la trampa, le depositamos el dinero y desaparecen sin tener la mínima vergüenza. De la misma forma, satanás ha cegado el entendimiento de las personas en este mundo. Ellos aún no ven que están atrapados en sus engaños.

Él les hace pensar que son personas de éxito, que han obtenido lo mejor en este mundo, pero en el día del juicio final se darán cuenta de que han perdido su alma. Por eso debemos de tener cuidado de los falsos maestros que le presentan el supuesto “camino de Dios”, porque podemos terminar siguiendo otras doctrinas, otras tradiciones u otro evangelio que llevan a las personas a perderse del camino de la verdad.

Y hablando de la verdad. Leamos Ahora en 1 Juan 2:15-17 para que podamos conocer un poco más de Dios el Padre verdadero. La escritura dice: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Muchas personas consideran que estos versículos son algo exagerados, muy legalistas o algo demasiado religioso y difícil de aplicar en la vida. Normalmente dicen eso porque no desean apartarse de los placeres ni deseos, aunque ellos afirman ser “creyentes”. Sin embargo, estos pasajes nos revelan claramente quién es el verdadero gobernador de este mundo. Los anhelos del mundo suelen sacar lo peor de nosotros, pero la Biblia señala que estos deseos y la vanagloria de la vida no provienen de Dios el Padre.

La vanagloria de la vida no trae ningún provecho a nuestro espíritu, y no solo porque ofrece un beneficio temporal, carnal y egoísta, sino que destruye nuestra alma. Así que, si usted sigue pensando o diciendo que Dios es su “Padre”, pero aborrece los mandamientos que su “Padre” dice, le recomiendo que no se siga engañando y medite en sus caminos antes que sea tarde para el arrepentimiento. Nosotros como creyentes debemos de escudriñar la escritura para conocer la voluntad del Padre. 

El verdadero Dios nunca lo encontrará en esas religiones que solo aparentan piedad, porque es ahí en donde satanás se ha disfrazado como un “ángel de luz” para engañar a las personas. Les hace creer que están adorando a Dios, cuando en realidad lo están adorando a él.

Dios, el verdadero Padre, ama a sus hijos, no nos miente, ni nos traiciona. Tampoco nos adula o manipula. Dios es luz para el creyente, como lo podemos leer en Santiago 1:16-20 que nos dice: Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas. Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

En resumen, estos versículos nos recuerdan que todo lo que viene de Dios es puro, santo y lleno de luz. Menciono esto porque hay quienes afirman haber orado y que Dios les reveló el número de la lotería o les concederá la “bendición” de ir al mundial de fútbol para ver jugar a su ídolo. Lamentablemente ellos van a morir engañados creyendo que esto es algo que viene de Dios, y no solo ellos, también millones de personas han muerto creyendo esa gran mentira de satanás.

Recuérdelo toda bendición que viene de Dios está llena de luz, porque en Él no hay dudas, tinieblas ni oscuridad. La oscuridad forma parte del mundo, como menciona Santiago en estos versículos, porque hablaba de la ira, el enojo y la frustración y decía esas cosas no vienen de parte de Dios. Además, en el capítulo 4 de Santiago, afirma que muchas personas no obtienen lo que desean porque piden con intenciones egoístas, buscando solo satisfacer sus propios deseos y placeres.

A esas personas, según Santiago 4, Dios no las llama “hijos”, les llama ¡almas adúlteras! recordándoles que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios, porque cualquiera que desee ser amigo del mundo, automáticamente se convierte en enemigo de Dios. Y un hijo no es enemigo de Dios, pero si usted anda en los deleites de satanás, entonces es un hijo de satanás.

En otras palabras, o estamos con Dios o con el diablo. O permitimos que Dios nos guíe, o lo hacemos bajo la influencia del diablo, sin puntos intermedios, ya que no hay caminos tibios que conduzcan al cielo.

Ahora bien, es posible que usted ya entienda o que ya haya captado que es lo que quiero decir; Que no todo el que diga que Dios es su “Padre” significa que estamos hablando del mismo Dios. Pueda que usted ya detecto que hay muchas religiones falsas, que hay falsos dioses y que satanás es el padre de la mentira y padre de quienes lo obedecen. Pero ahora, vamos a conocer más a Dios el Padre de la verdad.

Para ello, vamos a dirigirnos al libro de Gálatas 4:6-7 que dice: Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Este versículo es una promesa y una verdad para los hijos de Dios. Además, es un recordatorio que cada creyente debe entender que es el Espíritu Santo que Dios ha enviado Dios por medio de Jesucristo, quien clama en nuestro interior: ¡Abba Padre! No somos nosotros quienes clamamos esto por nuestra propia cuenta, sino que es el Espíritu Santo que habita en nosotros.

El modelo de Jesús: "Abba, Padre".

Las personas pueden declarar con sus labios ¡Abba Padre! un millón de veces, pueden decir que Dios es su Padre, pero eso no tiene valor, si no tienen el Espíritu Santo del Señor. sino actúan como verdaderos hijos de Dios. De hecho, Mateo 7:21 deja claro que no todo el que dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre que está en los cielos.

Los que hacen la voluntad de Dios, son los hijos de Dios. ¿Qué cree que podría ocurrir si su mamá y su papá le dieran instrucciones y usted nunca las obedece? Sería algo poco lógico, ¿no le parece? Sin embargo, el mundo no percibe esto respecto al Padre de los espíritus, porque ellos creen que pueden llamarse “Cristianos” que Dios es su “Padre” pero andan en los deseos de su carne siempre, y como ya lo dije, no significa que un creyente no va a pecar. Si alguien dice que no peca, mentiroso hace a Dios. Todos vamos a fallar.

Estamos hablando de las personas que se comportan de la misma manera siempre, que no quieren venir a Dios, para que Dios los dirija, los gobierne y los cambie. Por eso es que el mundo está ciego y como menciona Gálatas, es el Espíritu Santo quien nos recuerda que ya no somos esclavos, sino hijos. Y siendo hijos, también somos herederos.

Las características de nuestro Padre Celestial: Provisión, Amor y Disciplina.

Esta herencia no nos llega por ser buenas personas, por méritos propios ni porque estamos haciendo buenas obras, sino únicamente a través de Cristo, tal como lo expresa 1 Juan 3:1-2. Que dice: Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. el mundo no nos conoce porque no le conoció a él.

El mundo no puede experimentar lo que vive un creyente, ya que no compartimos la misma senda, no tenemos el mismo caminar. Mientras las personas en el mundo complacen los deseos de la carne, nosotros, aunque también enfrentamos una gran cantidad de deseos y somos tan imperfectos como cualquier otra persona, encontramos fortaleza al someternos a Dios como hijos, por medio de su Espíritu Santo podemos vencer nuestras debilidades.

Si deseamos vivir nuestras vidas como verdaderos hijos de Dios, debemos permanecer en Él. Como dice 1 Pedro 1:14-17: Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación;

El tema aquí no radica en tener o no tener deseos, porque los deseos siempre estarán presentes. La cuestión es no conformarnos ni ceder ante ellos. Debemos luchar contra esos deseos. Ser santo no implica ser perfecto o no pecar; ser santo significa apartarse de las cosas que nos hacen daño.

El pecado nos esclaviza, por eso es que satanás nos gobierna cuando estamos en el mundo y no hemos venido a Cristo. Porque satanás es padre de las tinieblas. Todo lo que es oscuro en este mundo proviene de satanás. Puede que usted esté pensando en algún negocio, en alguna idea, en una decisión que quiere tomar. Usted mire a su alrededor, piense y sobre todo ore si es creyente y usted va a ver si hay luz. No se engañe, para eso está la escritura, que es luz para el creyente.

Esto me recuerda a un antiguo himno que dice: Hallé un buen amigo, mi amado Salvador, contaré lo que Él ha hecho para mí: Hallándome perdido e indigno pecador, me salvó y ya me guarda para sí. Me salva del pecado, me guarda de satán, promete estar conmigo hasta el fin; Él consuela mi tristeza, me quita todo afán, ¡Grandes cosas Cristo ha hecho para mí! Jesús jamás me falta, jamás me dejará, es mi fuerte y poderoso protector.

Este himno ha sido de gran ánimo para los creyentes de muchas épocas. Es nuestra victoria en Cristo. Su obra nos ha convertido en hijos de Dios. En Él encontramos fortaleza, en Él encontramos consuelo, en Él podemos descansar. Por medio de Él tenemos acceso a Dios el Padre. Sin embargo, no menciono el himno únicamente por esta parte, sino también por lo que dice a continuación: “Del mundo yo me aparto y de la vanidad, para dedicar mi vida a mi Señor”. Probablemente algunas personas dirán: “Me gusta más la primera parte del himno” que era todo lo que Dios había hecho conmigo y todo lo que Cristo hace por mí.

Porque siempre queremos evitar cualquier compromiso o acción de parte nuestra. y muchas veces nos justificamos diciendo que las obras no nos van a salvar. Pero déjeme decirle que la obra de creer es algo real, es una acción. no significa que usted va a ser salvo por obras, pero tampoco se siga justificando. Es mentira que podemos decir que “Dios es el Padre, pero yo no sé si yo soy su hijo” “Yo acepto todo lo que Dios como Padre me quiera dar, aunque yo no me comporte como hijo” ¡No! No funciona así, que no le sigan engañando de esa manera.

Esto implica un compromiso para nosotros. Como creyentes somos santificados, ya que nos apartamos del mundo. Por eso es que mencionaba este himno, del mundo yo me aparto y de la vanidad. No podemos continuar en lo mismo. Hay un antes y un después. Hay una vieja criatura y una nueva criatura. Hay un viejo hombre y un nuevo hombre. Esto no solo es de decir yo antes negaba a Dios y ahora lo reconozco. Mi vida no ha cambiado pero por lo menos ya no hablo mal de Dios. Eso no lo convierte en un hijo de Dios. Usted necesita conocer la obra que hizo Cristo en la humanidad. Es necesario alejarnos de los deseos y vanidades del mundo para consagrar nuestra vida a Dios como hijos obedientes.

Pero cuando algunos que están en la Iglesia, no quieren apartarse de los deseos de satanás, terminan siendo un mal testimonio y las personas de afuera que no son creyentes, fácil murmuran y rechazan el mensaje del evangelio, al notar que quienes están dentro actúan de la misma forma que ellos. prefieren no aceptar el evangelio y dicen: “Yo no soy hipócrita como esos que están adentro y se comportan igual. Mejor me quedo afuera” Y lo lamentable en esta situación es que la mayoría de veces los que están afuera tienen la razón, porque los que dicen ser “Creyentes” quieren seguir viviendo de la misma manera de lo que están afuera, solo que “En el nombre del Señor” y esto no debe ser así. 

Por lo tanto, no se deje engañar. El cristiano debe santificarse y apartarse. Como hijos de Dios, estamos llamados a seguir sus caminos y no los del mundo. La Biblia nos advierte que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Incluso el mismo mundo, ajeno al conocimiento de Dios, tiene un dicho que dice: “El que anda con lobos, a aullar aprende”. Esto refleja cuán fácilmente podemos adoptar malos hábitos, manías o costumbres de quienes nos rodean.

Si como cristianos nos rodeamos de personas que practican aquello que Dios aborrece, es probable que tarde o temprano terminemos haciendo lo mismo. Esto le ocurrió al pueblo de Israel, que cada vez que se mezclaba con otras naciones terminaba adorando a dioses ajenos.

Además de todo esto, hay otro aspecto importante que debemos tomar en cuenta. Cuando reconocemos a Dios como nuestro Padre, tenemos que ver mas allá de lo que es un padre terrenal de carne y hueso.

Vea lo que dice Hebreos 12:3-11: Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.

Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿Qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Estos versículos nos hablan de forma clara, como Dios trata a sus verdaderos hijos y como un hijo debe reaccionar ante la disciplina de Dios. Pero cuando las personas leen estos versículos, muchas veces reaccionan a la defensiva, ya que les parecen demasiados legalistas o consideran que no se deben interpretar de forma tan literal. Sin embargo, un verdadero creyente nacido de nuevo comprende que todos necesitamos ser disciplinados por el Señor, ya que hemos vivido gran parte de nuestra vida siguiendo los deseos de la carne. Es mentira que el creyente viene a los pies del Señor, sin ganas de pecar o que puede decir que siempre ha tenido la disposición de servir a Dios. Todos hemos andado en nuestros deseos y son los que ahora nos juegan en contra, lo mismo que satanás y sus tentaciones.

Pero el Señor envía al Espíritu Santo a nuestros corazones, y nuestra carne va a resistir la disciplina del Padre Celestial. La disciplina al comienzo parece algo difícil de soportar, pero la escritura nos recuerda que el Señor disciplina a quien ama y corrige a todo aquel que recibe como hijo. Esto nos muestra que el amor de Dios es diferente al amor del mundo. Según el mundo, amar significa consentir, mimar, tolerar y conceder todo lo que la otra persona desea para que se sienta amada y especial. Sin embargo, Dios demuestra su amor por medio de la disciplina, porque venimos de una vida entregada al pecado y solo a través de la disciplina es que podemos despojarnos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos.

La disciplina es amor y no es algo malo como muchas veces se piensa y más en estos tiempos que si un padre corrige a su hijo, ya quieren llaman a los derechos humanos o le recomiendan al padre que vaya a una terapia con un psicólogo, porque la disciplina en estos tiempos es vista como algo arcaico y que no funciona, pero los resultados de ese pensamiento filosófico están a la vista, solo mire como está el mundo el día de hoy.

Esa psicología terrenal viene de parte de satanás. Y no me refiero a la profesión, me refiero al espíritu que hay detrás de todo eso, de querer enseñarle a la humanidad que el ser humano no necesita disciplina, sino empoderamiento y palabras positivas que los lleven a progresar y liderar, pero ¡mire los resultados! Encienda el televisor y vea las noticias y las redes sociales y mire donde están los resultados de ese espíritu engañador. 

Cuando un padre o una madre aman a sus hijos, los van a disciplinar. Ninguna persona que le ama, lo va a disciplinar por odio, ni lo va a querer destruir. Al contrario, lo disciplinan porque lo aman y desean protegerlo de las consecuencias de su mal comportamiento. De la misma manera, Dios, como Padre Celestial, nos disciplina para que caminemos en sus senderos, para que nos alejemos del camino que conduce a la destrucción eterna.

Sin embargo, muchas personas rechazan la disciplina espiritual. Prefieren adoptar una religiosidad superficial, afirmando que “creen” en un “dios” que solo les diga cosas agradables; que los ama, los protege, los tenga con salud, trabajo y dinero, pero que jamás les mencione sus errores o pecados, porque llamar pecado en estos tiempos a ciertas cosas es motivo hasta de cárcel, ya que las personas religiosas son muy susceptibles y les parece que son tan “buenos” que no “Pecan” porque según ellos, satanás estará solo en el infierno, porque “todos vamos para el cielo”. 

En resumen, es el padre de tinieblas que se adapta a sus deseos y caprichos terrenales. Según ellos están ganando el mundo, pero satanás sabe que es él, el que está ganando el alma de estas personas. porque sabe que su orgullo les impide someterse a la disciplina del Señor. Es su ego que nos les permite, someterse a la voluntad del verdadero Padre Celestial.

Cómo vivir hoy bajo el cuidado de un Padre que nos conoce.

Pero, cuando un verdadero creyente se arrepiente, no tiene ningún problema con someterse a la voluntad de Dios. Es como aquel hijo de la parábola, el cual, al darse cuenta de su error, regresó arrepentido y humilde diciendo: “Padre, no soy digno de ser llamado tu hijo; trátame como a uno de tus jornaleros.” Este hijo fue perdonado porque su arrepentimiento era auténtico y estaba dispuesto a aceptar la autoridad y disciplina de su padre.

La disciplina de Dios es en amor. Dios no nos va a halagar si andamos en cosas malas, pero tampoco nos va a destruir, el quiere que todos procedamos al arrepentimiento. Mire la vida de David, él era una persona que siempre quería hacer lo que le agradaba a Dios, pero las veces que se equivoco, Dios en amor lo tuvo que disciplinar y corregir.

Los creyentes tenemos un Padre Celestial que Dios y Padre de todos los que le obedecen, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Dios es un Padre Real y Verdadero. En las redes sociales, es común ver imágenes para el “Día del Padre” que muestran a un padre dejando huellas en las que un hijo sigue sus pasos.

Sin embargo, en el ámbito espiritual, parece casi contradictorio: Dios como Padre nos ha dejado un camino trazado por medio de Cristo. Dios ha dejado sus huellas en la Biblia, ha dejado su Espíritu Santo que es el sello del creyente, pero muchos que se consideran “hijos de Dios”, no van siguiendo las huellas de Dios, sino que van siguiendo las huellas de satanás con sus placeres, riquezas y éxito terrenal.

Y cuando hablo de éxito terrenal, no me refiero a que es malo que la vaya bien en la tierra. Me refiero a las personas que consiguen el éxito terrenal bajo el pensamiento filosófico de que “El fin justifica los medios” y que no importa lo que usted haga o a quien dañe, con tal que usted logre su éxito terrenal. Esto no deber ser así.

Si realmente reconocemos a Dios como nuestro Padre, debemos seguir sus pasos. Él nos guía e indica por donde debemos caminar. Si Él nos dice que nuestras acciones, no están bien, entonces debemos de corregir nuestro rumbo. Si nos advierte que ciertas amistades no traen un bien a nuestra vida, tenemos que obedecerlo. Porque es el hijo quien debe someterse a la voluntad del Padre, y nunca al es el Padre que se somete al hijo.

Nosotros somos los que clamamos a Dios, porque Él es nuestro Padre. Imagine que una persona le ordene a Dios que llueva porque necesita que sus cultivos prosperen, mientras otra persona, declara que no llueva porque teme que su casa se inunde. ¿A quién de los dos escuchará Dios? Pues la biblia dice que Dios hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.

Es decir que las cosas en Dios no funcionan para nuestra conveniencia. Por el contrario, la biblia dice que, si pedimos conforme a la voluntad de Dios, él nos oye. Dios no es un ser mágico que está para complacer todos nuestros deseos terrenales. Dios es el Padre; Ni existíamos nosotros y Dios era, es y será el Padre siempre.

Casi para terminar, me gustaría compartir lo que menciona la Biblia en Mateo 6:24-34. Dice así: Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto, os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir.

¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió, así como uno de ellos.

Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Nuevamente la Biblia es clara: no se puede servir a dos señores. Usted debe tomar una decisión hoy sobre a quién va a servir como Padre. Si decide servir a Dios, es probable que enfrentes tribulaciones y angustias o muchas situaciones difíciles en su vida, pero nunca estará solo, ya que Dios nos ha dado su Espíritu Santo y nos brinda su socorro y sustento cada día. Por eso nos dice:

” No os afanéis por vuestra vida. qué habéis de comer o qué habéis de beber ni por vuestro cuerpo qué habéis de vestir no es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido”. Nuestro Padre celestial sabe que tenemos necesidad de todas estas cosas.

El problema en la actualidad es que muchas personas no buscan a Dios únicamente para suplir sus necesidades, sino que persiguen lujos, placeres y los deseos de la carne. Estas cosas no son algo que Dios vaya a proporcionar, pues para satisfacer esos deseos está justamente el otro “padre” satanás, quien es el dios de las riquezas vanas y temporales.

La oración como puente hacia la Paternidad de Dios.

Pero de las riquezas de Dios son eternas y valen más que oro y el dinero terrenal. El Señor ha muerto por nuestros pecados, para interceder ante el Padre y el Padre nos recibe como a hijos. Él conoce perfectamente todas nuestras necesidades. De hecho una de las mayores necesidades que tenemos, sin duda, es la de orar. Y no hay nada mejor que hacerlo con la certeza de que Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos.

Solo cuando usted se somete a Dios como un hijo, puede tener la reverencia y la humildad de orar como Él nos enseño en la Biblia. Podemos decir: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

En conclusión, Dios es el Padre de los verdaderos creyentes que han nacido en el Espíritu Santo, por medio de Jesucristo. Todos los cristianos compartimos un mismo Dios y Padre, como dice el versículo de efesios que hemos visto hoy. Por esa razón es que somos hermanos en Cristo, porque somos hijos del mismo Padre. Comprender todo esto no es algo que pueda resumir en una sola predicación. De hecho, tomaría toda una vida, tratando de descubrir como es Dios y aun así no estaríamos ni cerca de conocerlo. Sin embargo, tenemos la fe de que algún día lo veremos tal como Él es.

Creemos que somos hijos de Dios por medio de Cristo, y que, aunque estamos en un cuerpo de pecado y le hayamos fallado en muchas ocasiones, Dios es nuestro Padre:  Santo, Justo, Perfecto, Sabio, Verdadero, Fiel, Bueno, Grande, Fuerte, Eterno, Altísimo, Divino, Admirable, Todopoderoso, Incomparable, Inmutable, Incansable, Omnisciente, Omnipresente, Trascendente, Compasivo, Clemente, Misericordioso, Paciente, Amoroso, Fuego consumidor, Salvador, Redentor, Libertador, Perdonador, Sanador, Justificador, Galardonador, Proveedor, Protector, Defensor, Ayudador, Consolador, Confortador, Vencedor, Pastor, Maestro, Consejero, Autor de la fe, es Espíritu, es Luz, Es nuestro Señor, nuestro amigo, nuestro Compañero, nuestro Guía, nuestro Escudo, nuestro Refugio, nuestro Sostén, nuestro Descanso, nuestro Gozo, nuestra Paz, nuestra Fortaleza, nuestra esperanza, Nuestra confianza, nuestra Vida eterna, Dios es nuestro Padre celestial.

¡Vamos a orar!